domingo, 27 de noviembre de 2016

La célebre Calzada de Tlalpan, más allá del arrumaco (1ª parte)

Por: Norma Márquez

Admitámoslo: Calzada de Tlalpan es famosa por poseer todo menos recato. Digamos que, a pesar de la tonelada de años que lleva a cuestas, su personalidad parece revolverse entre el estrés diario y la prisa por vivir a todo lo que da, sin importar lo que fue, lo que dejó ir y hasta lo que ya ni se acuerda. Todo, antes de ser abandonada en la demencia de la moderna rutina capitalina.


Pero sí, tiene de todo. Y es que esta versátil avenida despierta y duerme a diario con el trajín comercial, la marcha constante de peatones, el vaivén de los convoyes del Metro y el rugir de motores entre públicos y particulares. Lo mismo se agita con el estridente punchis-punchis proveniente de los CD’S que ofrecen los vendedores ambulantes o se entretiene un 14 de febrero con el asedio de quienes buscan la oferta del arrumaco, aprovechando la veintena de hoteles de paso que la han hecho popular.


Vista general
Sin embargo, tras esa impresión extrovertida, Calzada de Tlalpan esconde entre el bullicio los motivos que la mantienen como una de las vías de acceso más importantes de esta metrópoli. Rescatemos, pues, la honra y algo de la historia, magia y secretos de la ruidosa, legendaria y transitada Calzada de Tlalpan.

Lo que fue…modestia aparte
Construida entre 1428 y 1440, Calzada de Tlalpan es una de las primeras vías trazadas para conectar a la antigua Tenochtitlan con los barrios vecinos, en este caso hacia el sur rumbo a Ixtapalapan (hoy Iztapalapa); durante la época colonial se mantuvo como camino hacia la sede del gobierno virreinal en Coyoacán; fue contemplada como sendero estratégico durante la Batalla de Churubusco en 1847 y sigue siendo una de las principales rutas de comunicación de esta gran Ciudad de México. No en vano da lugar a buena parte de la Línea 2 del Metro y a todo el itinerario del Tren ligero hasta los confines del sur de la ciudad.

En pocas palabras, desde Viaducto y hasta el Monumento al Caminero en la intersección con Insurgentes Sur, Calzada de Tlalpan nos lleva a recorrer mucho, pero mucho más que hoteles de paso y ofertas de catálogo en prendas íntimas. 

Asediada desde sus orígenes
Tlalpan significa en náhuatl “lugar de tierra firme” y hasta la fecha hace honor al vocablo, sobreviviendo al subsuelo lacustre citadino como una obra de ingeniería prehispánica digna de admiración, ya que la calzada artificial se cimentó desde 1.5 metros del fondo del lago para separar el agua dulce – contenida en los manantiales de Xochimilco y Chalco – de la salada, proveniente del Lago de Texcoco, Xaltocan y Zumpango, convirtiéndola desde entonces en una estratégica vía comercial, política y religiosa que hoy comprende más de 18 kilómetros de extensión…difícil imaginar lo que representó 12 años de semejante labor para los antiguos pobladores.

El tranvía en los 70
Dando continuidad a su objetivo, a principios del siglo XX el transporte público tirado por mulas recorría campos de cultivo y rancherías de la zona, y fue hasta los años 60 cuando se trazó un pequeño camellón que dividió la circulación Norte-Sur de la avenida. Éste dio paso al tranvía eléctrico y actualmente es ocupado por la Línea 2 del Metro, indispensable para la movilidad diaria de los capitalinos.

Justo ahí inicio el recorrido, trepándome al Metro con dirección Tasqueña para reunir anécdotas sin prisa, mirando a Tlalpan con ojos tan curiosos como los de un turista, que busca reconocer – o conocer – lo que aparentemente se transita a diario por simple inercia.

Calendarios muy a la mexicana
Edificio Galas
Así rescato el edificio cede de Galas de México, cuyos muros de ladrillo han sobrevivido a la costumbre de saberlo ahí, manteniéndose prácticamente intactos. 
Cromo típico de Galas
Si bien se encuentra en el tramo conocido como San Antonio Abad, es de las pocas construcciones de principios del siglo XX que aún conserva su fachada original. Además, esta compañía litográfica fundada por Santiago de Galas en 1913, se hizo famosa por imprimir cromos y calendarios mexicanos con imágenes costumbristas de la vida de México, popularizados entre los años 30 y 60 del siglo pasado.

La parada del circo
La estación del Metro Villa de Cortés se vuelve fácil de ubicar con un giro visual: la cima de la Carpa Astros, un centro de espectáculos circenses con más de 127 años de existencia; mientras que al otro lado de la calzada, esquina con Rubén Campos, se encuentra el Parque Victoria, ostentando una fuente estilo art decó inaugurada en 1944. 



Lo que dejó ir… la memoria
Además de tránsito y bullicio, el cruce con Eje 6 Sur Playa Pie de la Cuesta guarda un devoto memorial bajo el asfalto. La Virgen del Pópulo – del pueblo – tuvo una ermita erigida en 1645, donde los viajeros le veneraban por ser una importante intersección de su camino. El santuario se mantuvo hasta principios del siglo XX cuando fue abandonado, para ser demolido en los años 40.

El Califa, palacio del baile por excelencia
En el número 1189, el California Dancing Club sigue siendo un referente para quien desee sacar brillo a la pista que mantiene desde el 11 de abril de 1944. Entonces, El Califa, como popularmente se conoce a este tradicional salón de baile, celebró su apertura con música de orquesta y a ritmo de charleston, cobrando la entrada a tres pesos para los caballeros y 50 centavos para las damas… ¡ahí nomás! 
California Dancing Club

Lo que ya ni se acuerda…la vieja estación
Por ahí de 1933, la parada tranviaria Bretaña anunciaba la cercanía de un galerón instalado en ese punto para que el público disfrutara de la recién introducción al país de proyecciones cinematográficas en el Gran Cine Bretaña. Fue en los años 50 cuando dejó de existir para ampliar la pista de El Califa.

Símbolo cristero en la Portales

Parroquia de Cristo Rey
En el número 1409 se encuentra la Parroquia de Cristo Rey, cuya fiesta fue instituida por Pío XI en 1925 ante el aumento del ateísmo entre la población. El templo fue edificado entre 1942 y 1952, y hoy, la espigada torre de la parroquia, se erige como un indiscutible símbolo de la colonia Portales.

Misceláneos, sólo entre Ermita y General Anaya
Si seguimos hacia los anillos que unen la Calzada de Tlalpan con Río Churubusco, del lado derecho encontramos la Casa de Cuna Tlalpan auspiciada por el DIF, mientras que a la izquierda veremos el domo característico del Centro Nacional de las Artes (Cenart), un instituto para el desarrollo artístico que alberga foros, plazas, galerías y áreas verdes en sus 12 hectáreas de extensión.

Domo del Cenart


Más adelante se encuentra el Museo del Ejército y Fuerza Aérea, que en sus vitrinas exhibe parte de la actividad histórica de la milicia mexicana, entre desfiles, labor social, vivencias e indumentaria. Cabe destacar que el edificio fue construido en 1906 como subestación para la red de tranvías de la ciudad.

Muy cerca se halla el exclusivo Club Campestre de la Ciudad de México, acondicionado en 1905 sobre una extinta granja lechera conocida como La Natividad. Hoy es un lujoso campo de golf al que pocos pueden acceder, pero que definitivamente da plusvalía a la colonia Country Club.

Parque Victoria
La estación Tasqueña pone punto final al primer paseo en Metro en mi afán por recuperar la honra y buena parte de las memorias de Calzada de Tlalpan. Falta el segundo y último tramo en Tren ligero. Es decir, todavía no recorro por completo la calzada que me trajo aquí y ya quedó de manifiesto que los hoteles de paso no son lo único que da personalidad a la ruidosa, legendaria y transitada Calzada de Tlalpan. Así que, ¡nos vemos en la próxima salida del Tren ligero!

FUENTE.- Sitios web: Portal Académico CCH UNAM, El Universal, Wikipedia, Galas de México, Libre en el Sur, Sistema de Transporte Colectivo Metro; Cascarones sagrados, artículo de Iván San Martín Córdova; Cenart, La Jornada, gob.mx/sedena, Mas por mas, Club Ensayos, Club Campestre de la Ciudad de México.

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